Cinco maneras de fomentar la devoción al Sagrado Corazón

Por Leonard J. DeLorenzo | OSV News

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús surgió a raíz de las revelaciones del Señor a Santa Margarita María Alacoque en el siglo XVII. Durante la segunda revelación, el Señor indicó a Margarita María que recibiera la Sagrada Comunión cada primer viernes durante nueve meses consecutivos, así como que se postrara en el suelo ante el Santísimo Sacramento durante una hora en la noche entre el jueves y el viernes de cada semana.

En la tercera revelación, el Señor manifestó su deseo de instituir una fiesta en honor a su Santísimo Corazón, lo que convertiría la devoción en una práctica común y universal de la Iglesia.

Casi dos siglos después, el Papa Pío IX instituyó la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús para la Iglesia universal en 1865, para ser celebrada el segundo viernes después del Domingo de la Trinidad (que es también el viernes inmediatamente posterior a la fiesta del Santísimo Cuerpo y Sangre de Jesús en los Estados Unidos).

En 1995, San Juan Pablo II indicó que la Jornada Mundial de Oración por la Santificación de los Sacerdotes se celebraría ese mismo día, para que el sacerdocio fuera protegido dentro del corazón de Jesús.

El inmenso amor del Hijo de Dios es el objeto particular de la devoción al Sagrado Corazón. Es con este inmenso amor que el Padre entregó a su Hijo en nuestras manos, que el Hijo se entregó a la muerte por nosotros, y que el Padre nos da a su Hijo y el Hijo se nos da a sí mismo en el Santísimo Sacramento del altar. La devoción al Sagrado Corazón no es ni más ni menos que la devoción al amor de Dios derramado por nosotros en Jesús, el Hijo.

El Señor llama a sus discípulos a adorar y a consagrarse a su Sagrado Corazón, de manera similar a como llamó a Santa Margarita María. El motivo y el fruto de esta devoción es, en primer lugar, que quienes la practican crezcan en gratitud y acción de gracias por el tierno amor que Jesucristo nos tiene, especialmente tal y como se nos comunica en el Santísimo Sacramento.

El segundo motivo y fruto es participar en la reparación de la grave ingratitud y dureza que las multitudes muestran ante el amor de Jesús derramado por nosotros. La devoción suscita así un amor piadoso y un dolor solemne, todo ello en respuesta al amor de Dios en Cristo.

Las siguientes cinco prácticas se encuentran entre las formas más comunes de iniciar y perpetuar la devoción al Sagrado Corazón.

1. Haz una ofrenda matutina, a través del Inmaculado Corazón de María

La primera en dedicarse al amor de Dios en Cristo fue la Santísima Madre. Su corazón está siempre fijo en el de Él y se nutre de Él. Su corazón nos conduce al de Él, y el corazón de Él se nos ofrece a través del de ella. Una ofrenda matutina como la siguiente nos acerca al amor de Cristo a través de María, poco a poco, día a día:

“Oh Jesús, por medio del Inmaculado Corazón de María, te ofrezco mis oraciones, trabajos, alegrías y sufrimientos de este día por todas las intenciones de tu Sagrado Corazón, en unión con el Santo Sacrificio de la Misa en todo el mundo, por la salvación de las almas, la reparación de los pecados, la reunión de todos los cristianos, y en particular por las intenciones del Santo Padre en este mes. Amén”.

2. Visita con frecuencia a Jesús en el Santísimo Sacramento

La devoción a la Santísima Eucaristía y la devoción al Sagrado Corazón de Jesús son, en definitiva, una misma devoción en dos momentos. El amor contenido en el corazón de Cristo se nos ofrece en el Santísimo Sacramento, y el Santísimo Sacramento siempre apunta al amor de Dios derramado sobre el mundo.

El Señor indicó a Santa Margarita María que se dedicara a su Sagrado Corazón, en parte, celebrando una Hora Santa cada semana, postrada ante el Santísimo Sacramento. Celebrar esta Hora Santa en la noche entre el jueves y el viernes sitúa al devoto aún más intencionadamente en el Huerto de la agonía de Cristo, cuando comenzó la pasión de Cristo, pero sus discípulos lo abandonaron.

3. Practica la devoción del primer viernes

Jesús reveló a Santa Margarita María tanto la calidez de su corazón humano como la frialdad de la ingratitud que sufrió por parte de muchos. La recepción regular de la Sagrada Comunión nos concede la calidez del amor de Cristo y, al mismo tiempo, nos permite expresar gratitud por el don del Señor. La Devoción de los Primeros Viernes es un medio para que este intercambio de amor se vuelva habitual y cada vez más intencional. Asistir a Misa y recibir la Sagrada Comunión el primer viernes de cada mes (o, al menos, durante nueve meses consecutivos) se ofrece en reparación por los pecados cometidos contra el Sagrado Corazón de Jesús y la Sagrada Eucaristía.

4. Realiza un acto de consagración al Sagrado Corazón

Los actos de consagración al Sagrado Corazón pueden adoptar diversas formas. La consagración debe renovarse al menos una vez al año, en la fiesta del Sagrado Corazón, aunque también puede renovarse cada primer viernes del mes.

Una consagración sencilla podría ser así: “Señor Jesucristo, hoy te ofrezco/renuevo mi entrega a tu Sagrado Corazón. Recuerdo tu amor por mí. Te prometo mi amor a cambio, colocándote en el centro de mi corazón y de mi familia. Deseo vivir mi vida en unión contigo y participar en tu misión de amor hacia todos. Señor, acepta esta dedicación y guárdame siempre en tu Sagrado Corazón. Amén”.

Una forma más extensa y conocida de esta consagración es la que la propia Santa Margarita María ofreció al Sagrado Corazón de Jesús:

“Oh Sagrado Corazón de Jesús, a Ti consagro y ofrezco mi persona y mi vida, mis acciones, pruebas y sufrimientos, para que de ahora en adelante todo mi ser sólo se emplee en amarte, honrarte y glorificarte. Esta es mi voluntad irrevocable, pertenecer enteramente a Ti, y hacer todo por Tu amor, renunciando de todo corazón a todo lo que pueda desagradarte”.

“Te tomo, oh Sagrado Corazón, como único objeto de mi amor, la protección de mi vida, la prenda de mi salvación, el remedio de mi fragilidad e inconstancia, la reparación de todos los defectos de mi vida, y mi refugio seguro. En la hora de mi muerte, sé Tú, Corazón Misericordioso, mi justificación ante Dios Tu Padre, y escóndeme de Su ira que tan justamente me he merecido. Todo lo temo por mi propia debilidad y malicia, pero poniendo toda mi confianza en Ti. Oh Corazón de Amor, espero todo de Tu infinita Bondad. Aniquila en mí todo lo que pueda desagradarte o resistirte. Imprime tu amor puro tan profundamente en mi corazón que nunca te olvide ni me separe de ti”.

“Oh Sagrado Corazón, te suplico, por Tu Bondad infinita, concede que mi nombre sea grabado en Tu Corazón, porque en esto pongo toda mi felicidad y toda mi gloria, para vivir y morir como uno de Tus siervos devotos. Amén”.

5. Celebra la fiesta del Sagrado Corazón con gran preparación y reverencia

La fiesta del Sagrado Corazón se celebra anualmente el segundo viernes después del Domingo de la Santísima Trinidad. Al ser una ocasión solemne para la Iglesia universal, la celebración de esta fiesta con preparación y reverencia permite a cada miembro del Cuerpo de Cristo participar en el acto de caldear a la Iglesia con el amor de Cristo, así como ofrecer reparación por la ingratitud de los discípulos –y de otros– ante el inmenso amor de Cristo.

En su libro “La devoción al Sagrado Corazón”, publicado a finales del siglo XVII, el padre jesuita Jean Croiset ofrece una guía directa sobre cómo celebrar esta fiesta, tanto práctica como espiritualmente, con toda la reverencia debida:

“Debemos, si es posible, consagrar la totalidad del día de la fiesta a honrar al Sagrado Corazón de Jesús en el Santísimo Sacramento. … Es importante evitar la ociosidad, pues los menores momentos de este día son infinitamente preciosos”.

“Tras levantarnos, nos postraremos para adorar a Jesucristo (en el Santísimo Sacramento)… Luego, debemos prepararnos para recibir una Santa Comunión sumamente fervorosa, pues esta Comunión es, ante todo, una Comunión de reparación: en primer lugar, por las faltas cometidas en nuestras propias Comuniones y, en segundo lugar, por los pecados de los demás.

“Inmediatamente después de la Santa Comunión, compare el amor inmenso de Jesucristo con su propia y extrema ingratitud; póstrese humildemente a sus pies, con la mente humilde y el corazón traspasado de dolor ante la visión de tantos ultrajes que Jesús recibe”.

“A continuación, realice el Acto de Consagración al Sagrado Corazón de Jesús y ofrézcase a Él sin reservas”.

“Todo el día debería (entonces) dedicarse a las buenas obras y, especialmente, a realizar frecuentes actos de amor a Jesucristo, según lo sugiera la devoción de cada uno”.

A través de estas cinco vías –y de otras más–, la devoción al Sagrado Corazón orienta nuestros corazones hacia el amor del propio corazón de Jesús. Poco a poco nos convertimos en emisarios de su amor y en partícipes de la obra de reconciliación para el Cuerpo de Cristo. A cambio, Cristo ofrece doce promesas a aquellos que se consagran a su corazón.

Leonard J. DeLorenzo es profesor en el Instituto McGrath para la Vida Eclesial y profesor adjunto en el Departamento de Teología de la Universidad de Notre Dame. Puede encontrar sus escritos en leonardjdelorenzo.com.

  Share:

Author: OSV News

OSV News is a national and international wire service reporting on Catholic issues and issues that affect Catholics.

Leave a Reply

*