D.D. Emmons | OSV News
La Iglesia utiliza tres óleos sagrados: el óleo de los enfermos, el óleo de los catecúmenos y el santo crisma. Los dos primeros son bendecidos, y el obispo consagra el tercero, generalmente durante la Misa crismal anual. Cada uno se utiliza para un fin específico dentro de la vida de la Iglesia.
Óleo de los enfermos
El óleo de los enfermos, que es aceite de oliva puro, se utiliza en el sacramento de la unción de los enfermos. Aunque lo ideal es celebrarlo en comunidad, durante una Misa por los enfermos, este sacramento puede administrarse en cualquier momento y lugar. El sacerdote impone las manos sobre la persona enferma o anciana, reza oraciones propias del rito y la unge trazando una cruz con el óleo en la frente y en las manos.
A través de este sacramento, Dios le concede al enfermo la gracia y la fortaleza para sobrellevar la enfermedad o la debilidad. Además, muchos católicos han sido testigos de cómo esta unción puede traer alivio y sanación espiritual, emocional e incluso física.
Óleo de los catecúmenos
Tanto los adultos como los niños, antes de recibir el bautismo, son ungidos con el óleo de los catecúmenos, que también es aceite de oliva puro. En el caso de los adultos, esta unción previa suele realizarse durante una celebración especial de iniciación, cuando la persona comienza a prepararse para el sacramento del bautismo. Al inicio del proceso conocido como Orden de Iniciación Cristiana de Adultos (OCIA, por sus siglas en inglés), cada candidato es ungido con este óleo.
Este rito generalmente se lleva a cabo durante la Misa, antes de la Sagrada Comunión. El sacerdote o el diácono unge a los catecúmenos y luego pide a Dios que les conceda sabiduría para discernir y la fortaleza necesaria para evitar el mal, mientras profundizan en la fe católica y se preparan para una vida con Cristo.
De manera similar, los niños son ungidos poco antes de recibir el agua del bautismo. Esta unción tiene como objetivo ayudar al niño a rechazar el mal, resistir la tentación y recibir la fe necesaria para cargar con la cruz de Cristo a lo largo de su vida.
Santo crisma
El tercer óleo, el santo crisma, es una mezcla de aceite de oliva y bálsamo. El aceite simboliza la fortaleza, mientras que el perfume del bálsamo evoca “la fragancia de Cristo” (2 Cor 2,15). La unción con este crisma representa el don del Espíritu Santo y se utiliza para consagrar a una persona o algo al servicio de Dios.
Cada año somos testigos del uso del santo crisma cuando los jóvenes reciben la confirmación, y también en la Vigilia Pascual, cuando los adultos son confirmados después del bautismo. El obispo traza la señal de la cruz con el crisma en la frente del confirmado y dice: “(Nombre), recibe por esta señal el don del Espíritu Santo”.
El crisma también forma parte del rito del bautismo. Después de bautizar al niño con agua y antes de imponerle la vestidura blanca, se traza una cruz con el crisma en la cabeza, marcándolo como cristiano. De manera similar, cuando un adulto recibe el bautismo, también se realiza esta unción si no recibe inmediatamente el sacramento de la confirmación.
El santo crisma se utiliza además en la ordenación de los sacerdotes (sacramento del orden sagrado) y en la consagración de los obispos. También se emplea al consagrar una iglesia, así como en la bendición del altar y de los objetos litúrgicos que se utilizan en la Misa.
Misa Crismal
Durante la Misa Crismal de cada año, el obispo de la diócesis bendice la cantidad de óleos necesaria para todas las parroquias. Luego, estos óleos se distribuyen a cada comunidad para su uso a lo largo del año. Aunque el obispo no puede estar presente físicamente en cada bautismo o confirmación de su diócesis, puede estarlo de manera simbólica a través de los óleos que ha bendecido.
Después de la Liturgia de la Palabra tiene lugar la bendición de los óleos. En una procesión solemne, se presentan los recipientes con aceite de oliva: primero el óleo de los enfermos, luego el de los catecúmenos y, por último, el destinado al santo crisma. El obispo reza y bendice cada uno por separado.
El rito para preparar y consagrar el santo crisma es distinto. Para ello, el obispo mezcla el aceite de oliva con bálsamo, sopla sobre la mezcla como signo de la presencia del Espíritu Santo y luego pronuncia la oración de consagración.
Una vez bendecidos de este modo, el crisma y los demás óleos dejan de ser aceites comunes. Se convierten en un don sagrado y valioso de Dios para la Iglesia, signo de purificación y fortaleza, de sanación y consuelo, y de la gracia vivificante del Espíritu Santo.
D.D. Emmons escribe desde Pensilvania.



















