El amor que toda alma merece: Una historia de esperanza y sanación a través de un amor compartido por la Eucaristía

Con su largo cabello recogido en una cola de caballo, su rostro cincelado, a fligido y ropa que no le sentaba muy bien, Louis Nash era un hombre en el que la gente se fijaba, pero que a menudo.

Como muchos veteranos de guerra, Lou llevaba consigo una gran carga de emociones de su tiempo como parte del Cuerpo de Marines de los EE. UU. Y partícipe en la guerra contra Vietnam. Vivía atormentado constantemente, por los recuerdos de que en sus brazos su amigo agonizaba y moriría. Y a veces esos sentimientos estallaban en él, lo que dificultaba que la gente llegara a conocerlo realmente.

Mary Jo LeGare-Hoffman juega con su perra del ministerio, LuLu Bella. (Fotos por Dianne Towalski)

Antes de fallecer en Octubre del 2021, un lugar en el que Lou se sent.a seguro y bienvenido era en la Misa. Durante más de una década, frecuentó la Catedral de St. Mary en St. Cloud, específicamente la Misa matutina diaria. Allí se encontró con todo tipo de personas, incluyendo Carol Müller. Aunque Carol es feligresa de Sacred Heart en Sauk Rapids, le gusta ir a diferentes parroquias para la misa diaria. Así fue como conoció a Lou.

“A menudo llego, abro y mantengo la puerta abierta de la catedral para las personas que entran, solo porque me encanta conversar y Louis siempre tenía una sonrisa y un saludo para mí. Siempre fue amable y positivo”, dijo.

A lo largo de los años, Carol y Lou se acercaron más y él compartió partes de su vida con ella y, a su vez, Lou se sentaba y escuchaba a otros cuando necesitaban a alguien con quien hablar.

“Definitivamente tuvo sus problemas, pero pude ver su bondad en la forma en que cuidaba de los demás”, dijo Carol.

Lou enfrentó muchos desafíos en su vida. Perdió el contacto con gran parte de su familia y sufrió problemas de salud, reveses financieros y una temporada sin hogar. A pesar de todo, asistir a la Misa, recibir la Eucaristía y el apoyo que encontró en su comunidad de fe, fue el puente que lo mantuvo unido a ėsta, según Mary Jo Legare Hoffman.

Mary Jo, que también asiste a misa todos los días, conoció a Lou desde hace más de una década.

“A menudo nos sentábamos en el mismo banco: yo en un extremo, él en el otro. Y finalmente, también conoció. a mi esposo, Peter. Establecimos una especie de conexión. Parec.a confiar en nosotros”, dijo Mary Jo.

Hace aproximadamente dos años, los problemas de salud de Lou comenzaron a aumentar. Como enfermera parroquial veterana de 25 años en la Catedral de St. Mary, St. Augustine y St. John Cantius en St. Cloud, Mary Jo se dio cuenta. Ex enfermera del VA durante 34 años, Mary Jo también conocía el sistema de atención médica y reconoció que Lou necesitaba a alguien que lo defendiera y atendiera.

“Tenía prácticamente una discapacidad total de la vista y necesitaba una cirugía de cataratas. Estaba dispuesto a hablar conmigo y confiaba en mí.

Todo comenzó con algunas llamadas telefónicas y finalmente conseguí que aceptara que mi esposo y yo lo lleváramos al hospital de veteranos”.

No siempre fue fácil ministrar a Lou y conseguirle la ayuda física y spiritual que necesitaba.

“Lou tenía mucha ira y eso no siempre salía bien. La mayoría de la gente lo miraba y, lamentablemente, pensaban que era un veterano enojado y descontento, y si parecía ser así. Pero debajo, había algo muy hermoso y gentil en él”.

Con Mary Jo ayudando a navegar el sistema de atención médica, Lou finalmente recibió la cirugía de cataratas que tanto necesitaba en Enero del 2021, y pudo asegurar un lugar para sanar en un centro de atención de pérdida de memoria y con asistencia para sus necesidades diarias de vida.

“Fue una gran gracia para él poder ver de nuevo, poder leer su Biblia. Hizo una tremenda diferencia en su estado de ánimo. Pero todavía estaba muy enojado porque no se le permitía volver a casa y no entendía que necesitaba servicios y atención diaria de otros”, dijo Mary Jo.

Las visitas de Mary Jo se convirtieron en una fuente de consuelo y alegría para Lou. El centro de sus visitas era la Eucaristía. Mary Jo le llevaba la Comunión y rezaban juntos.

“Lou tenía devoción por nuestra Santísima Madre y el rosario era muy importante para él. Para ayudarlo a instalarse en ese espacio, le traje una cruz y me aseguré de que tuviera su rosario y agua bendita y cosas así. Quise intencionalmente crear un espacio que fuera reconfortante para él”.

Durante ese tiempo, Mary Jo adoptó una nueva cachorra para apoyarla en su ministerio de acompa.amiento, llamada LuLu Bella.

Joe bromearía diciendo que le puse su nombre. Realmente no lo hice, y él lo sabía, pero le encantaba decirle eso a la gente. La cachorra lo amaba y él la amaba. Ella fue realmente una buena medicina para él, y le abrió algunas puertas más para comenzar a compartir algunas cosas que eran heridas profundas de su infancia, de su experiencia en el servicio. Las compuertas de esa presa de recuerdos se abrieron y casi nos inundamos. Capa tras capa tras capa de recuerdos, ofensas, dolores, seguía desprendi.ndose de su memoria, y él segu.a soltándose y perdonando”, dijo.

Lamentablemente, durante su recuperación, Lou se enter. de que tenia una enfermedad pulmonar y cardíaca en etapa terminal, y fue colocado en cuidados de hospicio, en Julio pasado. A medida que la salud de Lou continuaba deteriorándose, el padre Scott Pogatchnik, párroco de St.Mary’s y St. Augustine’s, vino a visitarlo.

“Él lo ungió y tuvimos una hermosa visita en los jardínes. Ese fue un tiempo sagrado. Lou tuvo la gracia de compartir con el Padre Scott la experiencia de su camarada que murió en sus brazos. Fue muy sanador para él”, dijo Mary Jo.

El 27 de Octubre del 2021, poco después de la visita del padre Scott, Mary Jo visitó a Lou con LuLu Bella y supo que era la última vez que lo verían en este mundo.

“Al principio, no se conectaba cognitivamente. Y estaba preocupado y desorientado. Pensé entre mí, me gustaría que comulgara por última vez, y que recibiera alimentos para el camino. Pero él no respondía”.

Entonces Lulu saltó sobre la cama con Lou. “De repente, Lou abrió los ojos y extendió la mano. Ella simplemente apoyó su cabecita justo allí en su mano”.

Mary Jo sabía que el final estaba cerca y lavó amorosamente la cara y el cabello de Lou.

“Se despertó un poco y me dejó hacer todas esas cosas. Le dije: ‘Lou, traje a Jesús para ti’. Realmente no pudo orar como siempre conmigo, pero estaba presente y comulgó y bebió un poco de agua. Fue su última comida sagrada. Y murió ese mismo día”.

Mary Jo fue fundamental para ayudar a planificar una Misa conmemorativa para Lou en St. Mary’s y también asistió a su entierro en Camp Ripley en Little Falls.

“Fue una hermosa liturgia y Misa conmemorativa. Es el amor que toda alma merece. Para este hombre, fue aún más conmovedor y hermoso porque hab.a luchado y sufrido mucho. Creo que muchas personas probablemente lo pasaron por alto en su vida. Me alegro de que haya encontrado un lugar seguro. Y de eso se trata: de llevar a otros a Jesús, as. como nuestra Sant.sima Madre siempre nos lleva más y más cerca de Jesús”.

Entre los asistentes a la Misa también estaba Carol Mueller, quien conocía a Lou solo a través de su amor compartido por la Eucaristía.

“Esta [comunidad] es una verdadera familia espiritual y oramos unos por otros. Tenemos que pedir la gracia de cuidarnos unos a otros, porque no siempre somos fáciles de amar. …Jesucristo es el que nos reúne. Es su yugo lo que llevamos.” — El padre Scott Pogatchnik

“Louis realmente tocó mi vida. La Misa conmemorativa rezada por él fue tan hermosa. El padre Scott [Pogatchnik] realmente capturó la belleza y la dignidad de la vida de Lou. El amor y el respeto que toda vida merece”, dijo.

Después de leer el Evangelio que proclama: “Vengan todos a mí, los que están trabajados y cansados, y yo los hare descansar”, el Padre Scott compartió una conmovedora homilía y reflexión.

Llamándolo un poco como una figura de San Juan Bautista con su cabello largo y rostro curtido, el padre Scott dijo en su homilía que los “profundos ojos azules penetrantes de Lou podr.an atravesarlo”.

“La guerra marcó a tantas personas que conocemos y amamos y ciertamente marcó a Louis… quien tuvo experiencias que uno nunca desearía encontrar. Ciertamente fue una de las cargas que Louis tuvo que llevar”, dijo.

“Y todos llevamos cargas. … Nadie pasa por la vida sin algún tipo de sufrimiento. … ¿[Lucharemos] para superar nuestras heridas por nosotros mismos o estamos dispuestos a abrirnos a aquellos que Dios pone en nuestra vida para comprender cómo se siente el yugo de Cristo? No es un yugo solitario”, dijo.

El padre Scott dijo que la comunidad que se reunió. alrededor de Louis lo ayudó a llevar su yugo terrenal y le dio una “familia espiritual”.

“Louis tenía su propia familia, hijos y nietos, pero realmente tambi.n se convirtió en parte de esta familia de fe. A lo largo de los años, tuve la oportunidad de ver a muchos de los miembros de nuestra comunidad convertirse en buenos amigos de Lou. A medida que lo cuidaban, ese corazon endurecido de Marine comenzó a ablandarse de muchas maneras. Fue hermoso presenciarlo”, dijo.

“Esta [comunidad] es una verdadera familia espiritual y oramos unos por otros. Tenemos que pedir la gracia de cuidarnos unos a otros, porque no siempre somos fáciles de amar. …Jesucristo es el que nos reúne. Es su yugo lo que llevamos. … Él es el que camina con nosotros. Él es el que posee nuestros corazones. Él es a quien Lou recurri. en tantos momentos de prueba y momentos de sanación y ahora confiamos en ese abrazo que Cristo le prometió a Lou y que ahora disfruta”.

Mary Jo se siente bendecida de haber caminado junto a Lou, quien se convirtió en testigo para ella y para los demás a través de su dedicación a la Eucaristía, como tantos otros en su “familia espiritual”. Dijo que tiene más amigos en el cielo que en la tierra, incluida su propia hija, Lauren Elizabeth, quien murió justo antes de cumplir cinco años en 1995. Siente que, de alguna manera, Dios la preparó para este camino sagrado.

“Hay muchos días que, si no pudiera llorar, me hubiera muerto hace mucho tiempo. Las l.grimas son mis mejores amigas”, dijo. “Pero no se trata de mí. Se trataba de llevar a Jesús a Lou y querer que Jes.s lo sane de todas esas 1heridas profundas con las que vivió y luchó durante tanto tiempo. Solo quería que estuviera en paz y que estuviera tan completo como pudiera estar en lugar de estar tan roto. Pero no es fácil. A veces se vuelve un poco complicado”.

“Es lo que todos estamos llamados a hacer, a entrar en el viaje, caminar con ellos. Eso se llama compasión. No solo empatía. Significa ‘sufrir con’. Y créeme, he sufrido no solo con Lou, sino con cientos de más personas. Es un trabajo duro viajar con alguien que está procesando tanto y luego, además de eso, pasar por el proceso de preparación para morir. Cada vez, pienso, ¿cuántas veces más puedo hacer esto? Pero luego viene la gracia de hacerlo de nuevo. Es un regalo, un hermoso regalo”.

 

 

Author: Kristi Anderson

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