Papa se disculpa por el trato a indígenas en Canadá, promete visitar

Por Cindy Wooden | Catholic News Service

CIUDAD DEL VATICANO (CNS) — Expresando “tristeza y vergüenza” por la complicidad de los católicos en el abuso de niños indígenas en Canadá y ayudando en el intento de eliminar esa cultura, el papa Francisco se comprometió a abordar el problema de manera más exhaustiva cuando visite Canadá.

Diciendo que estaba impresionado por su devoción a Santa Ana, la abuela de Jesús, la parte central de la popular peregrinación a Lac Ste. Anne — programada este año del 25 al 28 de julio — el Santo Padre les dijo: “Este año, me gustaría estar con ustedes en esos días”.

El Santuario de Santa Ana, en Lac Ste. Anne, se encuentra en el centro de Alberta, no lejos de la ciudad de Edmonton.

“Por la conducta deplorable de los miembros de la Iglesia Católica, pido perdón a Dios y quiero decirles de todo corazón que estoy muy apenado”, les dijo el papa el 1 de abril. “Y me uno a mis hermanos obispos de Canadá en disculparme con ustedes”.

Reunidos en la Sala Clementina del Palacio Apostólico, representantes de los Métis, Inuit, y Primeras Naciones compartieron sus oraciones, música, danza, y regalos con el papa.

Cassidy Caron, presidente del Consejo Nacional de Metis, habla con los medios de comunicación después de una reunión con el Papa Francisco en el Vaticano el 1 de abril de 2022. También se muestran Natan Obed, presidente de los inuit Tapiriit Kanatami (izquierda) y el jefe Gerald Antoine, jefe regional de los Territorios del Noroeste de la Asamblea de las Primeras Naciones. (Foto CNS/Paul Haring)

El Sumo Pontífice había sostenido reuniones separadas el 28 de marzo con representantes del Consejo Nacional Métis y los Inuit Tapiriit Kanatami y se reunió el 31 de marzo con delegados de la Asamblea de las Primeras Naciones. Los acompañaron seis obispos canadienses.

Dirigiéndose a todos los delegados y sus seguidores al final de la semana, el papa Francisco recordó que varios delegados compararon sus comunidades con ramas que crecen en diferentes direcciones, azotadas por el viento, pero que siguen vivas porque están unidas al tronco y a las profundas raíces del árbol.

“Su árbol, que da fruto, ha sufrido una tragedia, de la que me hablaron en estos días pasados: desarraigo”, expresó. La transmisión de la lengua, la cultura, y la espiritualidad de una generación a la siguiente “fue rota por la colonización que, sin respeto, arrancó a muchos de ustedes” de sus países de origen y trató de forzarlos a adoptar otros caminos.

Los católicos no podían usar el intento de evangelizar a los indígenas como excusa para administrar las escuelas porque “la fe no se puede transmitir de manera contraria a la fe misma”, manifestó el papa.

El Evangelio llama a los cristianos a “acoger, amar, servir, y no juzgar”, acotó, y es “algo aterrador” cuando, en nombre de esa fe, los cristianos hacen lo contrario.

“A través de sus voces”, dijo a los delegados, “he podido tocar con mis propias manos y llevar dentro de mí, con gran tristeza en mi corazón, las historias de sufrimiento, privaciones, trato discriminatorio, y diversas formas de abusos sufridos por muchos de ustedes, particularmente en las escuelas residenciales”.

El papa Francisco dijo que es “escalofriante” pensar cuánto pensamiento y esfuerzo se dedicó en diseñar y ejecutar un sistema destinado a inculcar “un sentido de inferioridad” en los estudiantes y el intento de “hacer que alguien pierda su identidad cultural, para desarraigar, con todas las consecuencias personales y sociales que ello ha supuesto y sigue teniendo: traumas no resueltos que se han convertido en traumas intergeneracionales”.

“Siento vergüenza y pena por el papel que han jugado algunos católicos, con responsabilidades educativas, en todo lo que ha hecho daño, en el abuso y falta de respeto a su identidad y cultura, e incluso a sus valores espirituales”, señaló.

Esos valores fueron demostrados durante la reunión en el Palacio Apostólico, que comenzó con el ofrecimiento de oraciones por parte de los representantes.

El élder de las Primeras Naciones, Fred Kelly, quien llevaba un ornamento de plumas en la cabeza, ofreció una oración en nishnawbe y en inglés, pidiendo por los dones de “amor, bondad, respeto, verdad, y humildad del único Creador”.

El élder métis, Emile Janvier, un sobreviviente de una escuela residencial, recitó su oración en Dene-Michif, pidiendo al Creador la curación de “las heridas del pasado” y la fortaleza para seguir adelante “en el perdón y la reconciliación”.

Marty y Lizzie Angotealuk, miembros de la delegación inuit, encabezaron el canto del Padrenuestro en inuktitut.

Durante las reuniones individuales a principios de semana, los líderes electos de los grupos le pidieron al papa Francisco emitir una disculpa formal por el papel de la Iglesia Católica en la supresión de sus idiomas, culturas, y espiritualidades y, en particular, por el papel de la iglesia en la gestión de muchas de las escuelas residenciales que eran parte del plan del gobierno de asimilación forzada y donde muchos niños fueron abusados emocional, física, y sexualmente.

Los líderes también le pidieron al Santo Padre que fuera a Canadá para disculparse y solicitaron su ayuda para obtener acceso a más registros escolares para que se pueda escribir un relato completo de lo sucedido en las escuelas y así poder identificar a los niños en tumbas sin marcar.

Sin embargo, la mayor parte de las reuniones privadas con el papa estuvieron dedicadas a los sobrevivientes de las escuelas residenciales, quienes contaron sus historias.

El papa Francisco agradeció a los delegados por “abrir sus corazones y expresar el deseo de caminar juntos”, y les aseguró que tomó en cuenta todas sus historias en su oración.

Y dijo que esperaba aprender más sobre ellos y conocer a sus familias cuando visitara sus tierras, pero dijo, señalando a los inuit, “no voy a ir en invierno”.

Agradeciendo al papa por aceptar ir a Canadá, el obispo Raymond Poisson de Saint-Jérôme, Quebec, presidente de la Conferencia de Obispos Canadienses, le dijo al papa Francisco: “¡Estamos listos hoy para ayudarlo a hacer las maletas!”

La historia reciente de la Iglesia Católica, indicó, “está marcada por el estigma de los errores y fracasos en el amor al prójimo, en particular hacia los miembros de aquellas naciones que han estado presentes en Canadá durante siglos”.

Un reconocimiento de los fracasos de la iglesia hace que “nuestro deseo de reconciliación” sea aún más fuerte, dijo. “Nuestra presencia aquí es un testimonio de nuestro compromiso mutuo”.

El papa Francisco entregó a cada delegación una rama de olivo de bronce como señal de paz y reconciliación, según la Conferencia de Obispos Canadienses.

La Asamblea de las Primeras Naciones entregó al papa una estola litúrgica adornada con cruces naranjas y un par de zapatos de nieve hechas de fresno negro con caribú y tendón artificial.

El Consejo Nacional Métis le entregó un libro de recuerdos con las historias de los sobrevivientes de las escuelas residenciales Métis y una carta de Cassidy Caron, la presidenta del consejo.

Los Inuit le dieron al papa una cruz tallada en barba de una ballena de Groenlandia y remachada a una pieza de plata esterlina y una bolsa hecha de piel de foca con un botón de marfil.

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Author: Catholic News Service

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