Segura: Una misericordia que trasciende nuestras decepciones

Ely Segura | OSV News

Hace mucho que quería ir a Polonia, para entre otros propósitos, conocer el Santuario de la Divina Misericordia en Cracovia.

En mis veinte había encontrado un sitio web católico con numerosas películas de santos. Muchas de esas vidas me habían afectado positivamente, dejándome con las ganas de saber más sobre la espiritualidad cristiana. La vida de Sor Faustina Kowaslka, a quien Dios había querido revelarse de manera especial, y con la que quiso reiterarnos su misericordia y el deseo de anhelarla con fervor, era una de ellas.

En esos años empecé a decir que mi imagen favorita de Cristo era el de la devoción de la Divina Misericordia, revelada a Sor Faustina. Su mensaje iconográfico, aunque sencillo, era bastante completo y profundo para mí.

Abarcaba lo que yo ya había recibido de Él. Los rayos emanados de su costado, una manera gloriosa de ver el agua y la sangre brotados del costado atravesado de Jesús en la Cruz, interpretados ya como los sacramentos del Bautismo y de la Eucaristía por los Padres de la Iglesia, en especial San Juan Crisóstomo.

Y son esos mismos rayos gloriosos a los que yo tengo acceso y a través de los cuales soy traspasada de su divina misericordia cada vez que participo en la adoración eucarística. Mucho le gustaba al venerable Fulton Sheen decir que estar en esta presencia es como tener el cuerpo expuesto al sol con el fin de absorber sus rayos.

Mi opción por esta imagen de Jesús a otras también estaba argumentada por la inscripción en ella. La frase que el mismo Jesús había indicado a Sor Faustina, según se lee en su diario (numeral 47): “Jezu ufam Tobie”, “Jesús, en Ti confío”. Una invitación constante a reafirmar mi dependencia de su fidelidad infinita, en especial durante los momentos de tribulación, en los que la fe tambalea.

Y, por último, me parecía hermosa la devoción de rezar la Coronilla a la Divina Misericordia, también comunicada por Jesús a la santa polaca. Con este rezo podemos unir místicamente nuestros sufrimientos –de toda índole, pero en especial el dolor por nuestros pecados– en el sufrimiento de Cristo durante su pasión, a fin de aceptar y participar en la redención obtenida por Él. Y, además, recibir numerosas gracias que Él mismo prometió a quienes la rezaran.

Casi dos décadas después, fui invitada a una peregrinación mariana que incluiría una parada en Polonia. Voilà! Esta era mi oportunidad. Y Polonia era mi mayor interés en esa peregrinación. Durante unos seis meses previos al viaje pagué a plazos el costo señalado.

Fuimos a Cracovia al cuarto día de cruzar el Atlántico. Y al quinto día, finalmente, fuimos a Lagiewniki, el barrio en Cracovia donde se encuentra el Santuario de la Divina Misericordia.

El lugar más importante de este santuario es la capilla del convento en donde se encuentra la venerada imagen de Jesús Misericordioso de la que he compartido arriba, una urna con los restos mortales de Santa Faustina bajo el altar y algunas reliquias suyas de primer grado. Esta joven polaca fue llevada a los altares por su compatriota el Papa Juan Pablo II el 30 de abril de 2000, en el segundo domingo de Pascua, cuando celebramos la Fiesta de la Divina Misericordia en toda la Iglesia. Ese día el Santo Padre le concedió a Sor Faustina el título de “Apóstol de la Divina Misericordia”.

La capilla es hermosa y muy sencilla. Se respira allí un profundo recogimiento que brota de la genuina devoción de sus visitantes. En el altar mayor hay una estatura de María bajo la advocación Madre de Dios de la Misericordia, que es la santa patrona de la congregación revelada a Sor Faustina.

Se aprecia una imagen de la Divina Misericordia, con la frase “Jezu ufam Tobie”, “Jesús, en Ti confío”, en la Capilla de San José, en el Santuario de la Divina Misericordia en Cracovia, Polonia, en una fotografía de 2023. (Foto OSV News/Ely Segura)

Dolorosamente, nuestra visita allí fue bastante rápida. Exageraría si dijera que duramos dos horas (entre la capilla y la tienda de suvenires). No visitamos el convento, como estaba también contemplado, ni fuimos a la Basílica o a la torre mirador. Tampoco entramos a la Casa de Sor Faustina, que es un centro pastoral y de alojamiento y también museo.

El día había amanecido lluvioso, poco favorable para hacer mucho, pero yo tenía sed de más estando allí. Había ahorrado y esperado mucho especialmente para esta peregrinación y este santuario era, pues, una de mis mayores motivaciones. Me sentía verdaderamente miserable.

Me habían enseñado que el término “Misericordia” significaba que Dios acogía nuestras miserias en su corazón, y así se compadecía de nosotros. Pero también la interpreto como la oportunidad que nos otorga el Padre, en el Hijo, de poner nuestras miserias (y en este caso esta y todas mis/ nuestras decepciones y contradicciones) en su corazón.

La devoción a la Divina Misericordia la conocemos por la misión legada al confesor de Santa Faustina, el hoy beato Miguel Sopocko, quien tras la muerte del santa asumió la tarea de propagarla y de establecer la Fiesta de la Divina Misericordia. Experimentó persecuciones, burlas y constantes rechazos incluso de la Iglesia. Murió sumido en la decepción, abatido por su aparente fracaso.

Sin embargo, Dios tenía otros planes. Y el resto es ya historia. Su misericordia trasciende hasta lo que habíamos dado ya por perdido. Trasciende el espacio, la vida y la muerte. Es eterna (Sal 136,1) y lo abarca realmente todo (Sal 33, 5).

Ely Segura es laica, creadora del proyecto Teófilo, una iniciativa para la formación en la fe de adultos hispanos en Estados Unidos. (www.proyectoteofilo.com)

En la foto de arriba: Se aprecia una imagen de la Divina Misericordia, con la frase “Jezu ufam Tobie”, “Jesús, en Ti confío”, en la Capilla de San José, en el Santuario de la Divina Misericordia en Cracovia, Polonia, en una fotografía de 2023. (Foto OSV News/Ely Segura)
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Author: OSV News

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